La buena fotografía está cargada de matices y los buenos fotógrafos, siempre tienen una cámara en la mano o al cuello para captar ese instante, ese momento exacto que bellamente describe, dibuja o pinta una porción de la realidad o fantasía.
Pueden ser mundos oníricamente artificiales o poderosamente reales; pueden, dentro de esa realidad sugerir símbolos que el espectador común a simple vista no capta, puede llegar a producir formas y composiciones que semejan pinturas.
Ricardo Parra trabaja la fotografía a color y en ella no representa instantes de escenas sino que, cual pintor, busca los colores, las composiciones y las texturas para mostrarnos otra forma de ver nuestro entorno.
Líneas y formas van estructurando cada fotografía. Los elementos representados: paredes, calles, signos, horizontes, cielos, van adquiriendo lo que Berenson llamaba, refiriéndose a la pintura, “valores táctiles”, ya que el color y la luz son los factores que dan vida a esas formas, a esos elementos, a esas texturas.
Ricardo Parra capta los elementos en el espacio hasta lograr un todo único. Cada componente constituye un universo individual en el que nada pude ser suprimido o modificado sin que el todo se venga abajo. El resultado es un fotografía sencilla pero con una profunda carga simbólica.
Graziana la Rocca
Abril 2008
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