Caracas, 1988 – Desde 2007 reside y trabaja en California, USA.
Estudios realizados:
2011 - Egresada de Brooks Institute, Ventura, California, USA.
Obtuvo la Licenciatura en Periodismo Visual.
Exposiciones individuales:
2011 – Etnofanías, Galería Okyo, Caracas, Venezuela.
Exposiciones colectivas:
2011 – From Within. A Brooks Institute Documentary Project: Vietnam,
(foto y video), Brooks Institute, Ventura, California, USA.
From Within. A Brooks Institute Documentary Project: Vietnam,
(foto y video), Visions Gallery, Marriott Hotel, Ventura, California,
USA.
2010 – Memorias Agrícolas de Montalbán, Galería D’Museo, Caracas,
Venezuela.
2009 – Galería en la Red de Roberto Mata Taller de fotografía, Caracas,
Venezuela.
2008 - Brooks Institute Gallery 27, Santa Bárbara, California, USA
Carolina Vollmer. Desafiando el caos
Por Félix Suazo
La pintura de Carolina Vollmer toca distintos bordes, sobre todo cuando se advierte que la suya es una épica entre el control y la entropía. Así, en cada extremo de la superficie lo instintivo tropieza con un borde que llama a la mesura, de tal suerte que la obra se transforma constantemente en máscara y sustancia. Un ejercicio que trae a la escena de la pintura – esa ave fénix que cada cierto tiempo es resucitada de inefables fallecimientos – antiguos y nuevos problemas.
A veces sus trabajos “hablan” con grafías incomprensibles,
mientras en otras ocasiones esa pulsión escritural queda sumergida
en la indefinición de la mancha o buscan desahogo en la porosidad táctil
de la huella. Detrás o debajo de todo aquello hay un mundo sumergido,
una arqueología que esquiva sus hallazgos y difumina cualquier certidumbre.
La pintura, como la memoria, es un palimpsesto donde el orden y la causalidad
se confunden.
Precedida por una prolongada exploración figural (insectos, retratos,
naturalezas muertas), su investigación actual pone mayor atención
al color y la textura, aunque mantiene la predilección por lo expresivo
en un gesto de sincronización entre la mano y la mente que oscila entre
la violencia controlada y el lirismo. En estos trabajos el caos es una presunción
regulada, impulsada por reverberaciones acústicas, como si la obra
estuviera adherida a una partitura invisible.
Si el color es la “carne” de la pintura – esa envoltura
que transpira penumbras, festejos y rubores –; es también una
fuerza que busca el ritmo y la alternancia óptica. En unas ocasiones
los naranjas y amarillos se adelantan sobre los azules; en otras, sin embargo,
los pigmentos se entrecruzan en una retícula irregular. Aquí
confluyen de manera espontánea los expedientes de diferentes ismos
visuales; de la abstracción al expresionismo y de este al informalismo.
Chorreados y aplicaciones realizadas directamente con la mano o con instrumentos
no pictóricos, constituyen un repertorio de soluciones contradictorias
(y al mismo tiempo complementarias), donde la pintura se vuelve piel, espesor
adherido, envoltura hecha de superposiciones y cruzamientos. Todo eso, en
franca tensión con la sobriedad extrema de los formatos cuadrados y
rectangulares, desafiando incluso la diáfana volumetría de los
bordes. Entre esos límites, el caos –según decíamos-
es una presunción, o más bien, un impulso expectante, cuyos
desencadenamientos no alcanzan el abismo.
Sin embargo, en sus cajas, lunas y prensados se advierte una vertiginosa metamorfosis.
En estas piezas hay un desplazamiento del soporte; una búsqueda cada
vez más espacial que va haciendo de la pintura un hecho continuo y
multidimensional. En las cajas, los pigmentos se desbordan siguiendo el volumen;
en las lunas la obra se ramifica construyendo micro constelaciones de discos
conexos y; finalmente, en los prensados –estructuras de alambre y objetos
metálicos “moldeados” de manera caprichosa por la prensa
– el color se adosa como un pellejo que se resiste a abandonar el esqueleto.
Oficio de límites que busca su justificación en las rotaciones
del instinto y que alcanza su plenitud en la hegemonía de los contrastes.
Caracas, febrero de 2009
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